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EL AMOR PRESIDE LA EVANGELIZAClON
Foro Cristiano Evangelico : Alfa y Omega :: FORO DE ESTUDIO BIBLICO Y DOCTRINAS :: Estudios General de la Biblia
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EL AMOR PRESIDE LA EVANGELIZAClON
EL AMOR PRESIDE LA EVANGELIZAClON
Rv. Rodolfo Loyola
La compasión de Jesús es el mejor ejemplo. El amó a los que no le amaban. Antes de marcharse de este mundo preparó una campaña para que llegase a toda la tierra la llamada de su amor. El Evangelio es la buena noticia de que somos objeto del amor de Dios.
Las máquinas de evangelizar son odiosas. Jeremías dice:
"Maldito el que hace la obra indolentemente". El amor no es un método para evangelizar. Es imposible encasillar al amor. El amor es contagioso y así como el pecado pare la muerte, el amor da a luz la vida. Los hijos espirituales vienen de un prolongado acto de amor entre la criatura y su Creador. Evangelizar es un limosnero indicando a otro donde hay pan. Ilustremos lo anterior con este testimonio:
Con la ayuda de muy buenos amigos ya me estaba acercando al Evangelio. Con menos de veinte años y algún bagaje cultural, tenía muchas preguntas, muchas dudas y temores. Mis padres espirituales, me dijeron: "No puedes faltar el sábado por la noche que va a hablar un gallego muy agudo y le gusta mucho ministrar o ayudar a los jóvenes".
"Me senté en la tercera o cuarta fila. Más al frente, me hubiera sentido un poco indefenso. Sentado en la plataforma, con las piernas cruzadas se podía ver que era un hombre pequeño pero de pies grandes. Vestía un traje azul marino claro, camisa blanca y corbata negra. De lo que se veía que llevaba puesto, nada era nuevo ni recién planchado.
Visto así, Domingo impresionaba poco a los jóvenes de entonces.
"Le llegó el turno al "galleguito". (Así le decían a espaldas de él). Abrió una Biblia demasiado grande para un hombre tan pequeño. Leyó en Romanos capítulo 5. Su acento le delataba. Para ilustrar la escritura leída contó el testimonio de su conversión.
"Viajaba en un barco que partió de Vigo rumbo a Cuba. Llevaba más bien carga de mercancía y unos pocos viajeros. A los diez días de viaje, más o menos, se levantó una tormenta que jugaba con el viejo barco a su antojo. Pudieron ver cómo la embarcación iba perdiendo pedazos.
"Por fin el capitán anunció que el barco se iba a pique. Ni siquiera pudieron hacer uso de los salvavidas; y aunque la tormenta amainó relativamente pronto, se perdió la nave. Los marineros y los pasajeros echaron mano de cualquier cosa que flotara. Junto a él, su compañero de viaje que echó mano al mismo objeto flotante, una tabla de pino que no les podía sostener a los dos a la vez.
"Trataron de turnarse uno nadando y el otro descansando asido a la tabla. Pero llegó un momento que las fuerzas les faltaban.
"Entonces su amigo le dijo: "Mira, Domingo, yo soy cristiano, Cristo tiene para mí un lugar en el cielo. Tú todavía no lo eres, así que agárrate de la tabla y encomiéndate al Señor y en el cielo nos veremos". Domingo lloraba contando la historia y añadió: "Lo vi dejarse llevar por las olas mientras me decía: ¡Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo!".
En mi poema Abrid paso al amor, la penúltima estrofa dice:
No pongáis zancadillas al amor,
no lo pongáis de venta en el mercado,
no lo llaméis acaso dádiva,
porque ningún sinónimo
lleva objetivamente,
al darse todo sin nada a cambio.
Hay otro reciente testimonio que me gustaría compartir: En octubre de 1991 llegó a la ciudad de Madrid un grupo de jóvenes puertorriqueños que venían para ayudar en la evangelización de España. Cada uno de ellos había trabajado un año o más para reunir el dinero del viaje. De verdad, gente extraordinaria.
Dentro de ellos se destacaba una chica llamada Rellie: De sonrisa fácil; respuestas muy agudas y un elevado sentido del humor. Cada día orábamos juntos por la mañana y luego a la calle a tratar de hacerse escuchar por la gente un tanto indiferente y hasta hostil de una capital como Madrid. De regreso por la tarde nos reuníamos de nuevo para dar testimonio de los contactos, de las reacciones de los españoles,etcétera. Recuerdo que era el quinto día, cuando regresaron por la tarde agotados, Rellie dio su testimonio: "Llevaba más de una hora en la plaza de España y no lograba poder hablar con alguien de Jesús. Estaba más que cansada frustrada de intentarlo en vano. Hablaba conmigo misma en voz baja y me decía: "¿Para qué has venido de tan lejos?" Cuando levanté la mirada y vi que se había instalado una unidad móvil de la Cruz Roja que solicitaba donantes de sangre. Oré al Señor y partí hacia el "vehículo hospital". Saludé y les dije que quería donar sangre.
"La enfermera y el médico fueron muy amables, aunque al tomarme los datos personales y al oír mi acento me preguntaron de qué país era y por cuánto tiempo iba a permanecer aquí en España. Ya me estaban extrayendo la sangre cuando la enfermera me preguntó qué me movía a donar mi sangre aquí en España. Le dije que venía a hablar de Jesucristo que dio su sangre para que todos tuviésemos vida. Le confesé que quería algo más que hablar de Jesús, quería contribuir con algo más que con palabras, a paliar en algo la necesidad de algún español, dando mi sangre por él.
"La enfermera llamó al médico y le contó como pudo mi testimonio. Me sentí recompensada al ver como lloraba la enfermera y el médico expresó su sincero deseo de que muchos más siguieran mi humilde ejemplo".
El amor rompe todas las barreras, el amor echa fuera el temor. Si lo que tenemos son ideas en la cabeza tendremos temor de que alguien nos las quite. Si tenemos a Cristo entronizado en nuestros corazones, si estamos agradecidos de su infinita obra de amor por nosotros, nuestro testimonio será por contagio, levantaremos en alto a Jesús de la manera más amorosa que podamos hacerla: Dejando que el amor presida la obra evangelística.
El salmista en ese bellísimo poema que es el Salmo 126 dice al final: "Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla, mas volverá a venir con regocijo trayendo sus gavillas".
Sembrar con lágrimas es abonar con amor el surco de los corazones humanos y como recompensa nos espera el regocijo. Cuando Jesús les dijo: "Venid en pos de mí y yo os haré pescadores de hombres".
a) Iban a recibir la compasión del maestro.
b) Cambiarían de oficio, las nuevas redes serían tejidas con amor.
c) Se involucrarían en la vida de los peces.
d) Pescarían hombres muertos para darles vida.
e) Habrían de aprender a tirar la red del Evangelio de amor en el gran lago del mundo.
"Y ellos dejando las redes le siguieron". Cambiaron de redes, cambiaron de corazón, cambiaron de horizonte. Pero también cambiaron al mundo.
Ama, y serás venero de fulgores,
en toda oscuridad, en todo horror.
Ama, y conquistarás la altiva meta,
ama, y los cardos tornaránse en flores,
ante tu firme paso triunfador.
Un Carpintero y unos pescadores,
cambiaron los destinos del planeta
con un poco de amor. (Amado Nervo)
Rv. Rodolfo Loyola
La compasión de Jesús es el mejor ejemplo. El amó a los que no le amaban. Antes de marcharse de este mundo preparó una campaña para que llegase a toda la tierra la llamada de su amor. El Evangelio es la buena noticia de que somos objeto del amor de Dios.
Las máquinas de evangelizar son odiosas. Jeremías dice:
"Maldito el que hace la obra indolentemente". El amor no es un método para evangelizar. Es imposible encasillar al amor. El amor es contagioso y así como el pecado pare la muerte, el amor da a luz la vida. Los hijos espirituales vienen de un prolongado acto de amor entre la criatura y su Creador. Evangelizar es un limosnero indicando a otro donde hay pan. Ilustremos lo anterior con este testimonio:
Con la ayuda de muy buenos amigos ya me estaba acercando al Evangelio. Con menos de veinte años y algún bagaje cultural, tenía muchas preguntas, muchas dudas y temores. Mis padres espirituales, me dijeron: "No puedes faltar el sábado por la noche que va a hablar un gallego muy agudo y le gusta mucho ministrar o ayudar a los jóvenes".
"Me senté en la tercera o cuarta fila. Más al frente, me hubiera sentido un poco indefenso. Sentado en la plataforma, con las piernas cruzadas se podía ver que era un hombre pequeño pero de pies grandes. Vestía un traje azul marino claro, camisa blanca y corbata negra. De lo que se veía que llevaba puesto, nada era nuevo ni recién planchado.
Visto así, Domingo impresionaba poco a los jóvenes de entonces.
"Le llegó el turno al "galleguito". (Así le decían a espaldas de él). Abrió una Biblia demasiado grande para un hombre tan pequeño. Leyó en Romanos capítulo 5. Su acento le delataba. Para ilustrar la escritura leída contó el testimonio de su conversión.
"Viajaba en un barco que partió de Vigo rumbo a Cuba. Llevaba más bien carga de mercancía y unos pocos viajeros. A los diez días de viaje, más o menos, se levantó una tormenta que jugaba con el viejo barco a su antojo. Pudieron ver cómo la embarcación iba perdiendo pedazos.
"Por fin el capitán anunció que el barco se iba a pique. Ni siquiera pudieron hacer uso de los salvavidas; y aunque la tormenta amainó relativamente pronto, se perdió la nave. Los marineros y los pasajeros echaron mano de cualquier cosa que flotara. Junto a él, su compañero de viaje que echó mano al mismo objeto flotante, una tabla de pino que no les podía sostener a los dos a la vez.
"Trataron de turnarse uno nadando y el otro descansando asido a la tabla. Pero llegó un momento que las fuerzas les faltaban.
"Entonces su amigo le dijo: "Mira, Domingo, yo soy cristiano, Cristo tiene para mí un lugar en el cielo. Tú todavía no lo eres, así que agárrate de la tabla y encomiéndate al Señor y en el cielo nos veremos". Domingo lloraba contando la historia y añadió: "Lo vi dejarse llevar por las olas mientras me decía: ¡Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo!".
En mi poema Abrid paso al amor, la penúltima estrofa dice:
No pongáis zancadillas al amor,
no lo pongáis de venta en el mercado,
no lo llaméis acaso dádiva,
porque ningún sinónimo
lleva objetivamente,
al darse todo sin nada a cambio.
Hay otro reciente testimonio que me gustaría compartir: En octubre de 1991 llegó a la ciudad de Madrid un grupo de jóvenes puertorriqueños que venían para ayudar en la evangelización de España. Cada uno de ellos había trabajado un año o más para reunir el dinero del viaje. De verdad, gente extraordinaria.
Dentro de ellos se destacaba una chica llamada Rellie: De sonrisa fácil; respuestas muy agudas y un elevado sentido del humor. Cada día orábamos juntos por la mañana y luego a la calle a tratar de hacerse escuchar por la gente un tanto indiferente y hasta hostil de una capital como Madrid. De regreso por la tarde nos reuníamos de nuevo para dar testimonio de los contactos, de las reacciones de los españoles,etcétera. Recuerdo que era el quinto día, cuando regresaron por la tarde agotados, Rellie dio su testimonio: "Llevaba más de una hora en la plaza de España y no lograba poder hablar con alguien de Jesús. Estaba más que cansada frustrada de intentarlo en vano. Hablaba conmigo misma en voz baja y me decía: "¿Para qué has venido de tan lejos?" Cuando levanté la mirada y vi que se había instalado una unidad móvil de la Cruz Roja que solicitaba donantes de sangre. Oré al Señor y partí hacia el "vehículo hospital". Saludé y les dije que quería donar sangre.
"La enfermera y el médico fueron muy amables, aunque al tomarme los datos personales y al oír mi acento me preguntaron de qué país era y por cuánto tiempo iba a permanecer aquí en España. Ya me estaban extrayendo la sangre cuando la enfermera me preguntó qué me movía a donar mi sangre aquí en España. Le dije que venía a hablar de Jesucristo que dio su sangre para que todos tuviésemos vida. Le confesé que quería algo más que hablar de Jesús, quería contribuir con algo más que con palabras, a paliar en algo la necesidad de algún español, dando mi sangre por él.
"La enfermera llamó al médico y le contó como pudo mi testimonio. Me sentí recompensada al ver como lloraba la enfermera y el médico expresó su sincero deseo de que muchos más siguieran mi humilde ejemplo".
El amor rompe todas las barreras, el amor echa fuera el temor. Si lo que tenemos son ideas en la cabeza tendremos temor de que alguien nos las quite. Si tenemos a Cristo entronizado en nuestros corazones, si estamos agradecidos de su infinita obra de amor por nosotros, nuestro testimonio será por contagio, levantaremos en alto a Jesús de la manera más amorosa que podamos hacerla: Dejando que el amor presida la obra evangelística.
El salmista en ese bellísimo poema que es el Salmo 126 dice al final: "Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla, mas volverá a venir con regocijo trayendo sus gavillas".
Sembrar con lágrimas es abonar con amor el surco de los corazones humanos y como recompensa nos espera el regocijo. Cuando Jesús les dijo: "Venid en pos de mí y yo os haré pescadores de hombres".
a) Iban a recibir la compasión del maestro.
b) Cambiarían de oficio, las nuevas redes serían tejidas con amor.
c) Se involucrarían en la vida de los peces.
d) Pescarían hombres muertos para darles vida.
e) Habrían de aprender a tirar la red del Evangelio de amor en el gran lago del mundo.
"Y ellos dejando las redes le siguieron". Cambiaron de redes, cambiaron de corazón, cambiaron de horizonte. Pero también cambiaron al mundo.
Ama, y serás venero de fulgores,
en toda oscuridad, en todo horror.
Ama, y conquistarás la altiva meta,
ama, y los cardos tornaránse en flores,
ante tu firme paso triunfador.
Un Carpintero y unos pescadores,
cambiaron los destinos del planeta
con un poco de amor. (Amado Nervo)
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